jueves, 20 de agosto de 2015

COMPARTIENDO TU OPINIÓN

 La violencia amenaza con tragarse a las nuevas generaciones.
Salvador Calva Morales
Pareciera que el futuro está cancelado para los que vienen atrás. La crisis económica y la violencia han desmoralizado a la población.  Y los padres nos preguntamos: ¿cómo podemos evitar la violencia que amenaza con tragarse a las nuevas generaciones?
La pregunta surge al conocer los resultados del mes de marzo de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU). La población mayor de 18 años que vive en las capitales del país atestiguaron: consumo de alcohol en las calles (70.4%), robos o asaltos (67%) y vandalismo (59%), venta o consumo de drogas (39.9%), bandas violentas o pandillerismo (33.8%) y disparos frecuentes con armas (24%).
Por ello, el 64.9% de la población confesó que en los últimos tres meses modificó sus hábitos respecto a llevar cosas de valor como joyas, dinero o tarjetas de crédito y el  61.5% toma mayores precauciones cuando salen sus hijos menores. El 52.9% cambió rutinas de salir de su casa después  de las ocho de la noche.
Puebla, como muchas otras viejas ciudades,  tuvieron asentamientos comunes de personas que compartían ciertos rasgos entre sí, por ejemplo, por su vocación natural, como la zona de canteras en Los Fuertes, las  arenas de San Francisco, o por la vocación de los vecinos, como el Barrio del Artista o los alfareros del Barrio de la Luz y los constructores tlaxcaltecas de Santa Anita.
Además había sitios de integración y de convivencia como Cuetlaxcuapan, donde era el sitio de reunión entre la gente de barrio y la población española para enterarse de las noticias nuevas que los pregoneros salían a gritar, o bien compraban lo necesario, o se encontraban afuera de misa para saludarse, convivir, conocerse, intimar.
Distinto fue totalmente cuando llegó la modernidad, y a la especulación de la tierra se sumaron las necesidades y los intereses del crecimiento de la mancha urbana.  En algunos casos familiares y amigos se organizaban para poblar un lugar; entre ellos había un líder que determinaba las acciones que realizaban los nuevos pobladores de una colonia para su desarrollo.
En otros casos –hace como 40 años aproximadamente- la construcción masiva de viviendas atendió al diseño urbano, no a las personas.
Y con los problemas económicos se dispararon las cifras de violencia. Hace unos 30años México dejó de ser el sitio pacífico del que tanto se ufanaron los regímenes de gobierno, se incrementaron los robos, los secuestros, los asaltos a bancos.
En los últimos 10 años las víctimas de la guerra contra el narcotráfico ha dejado enormes secuelas: niños preadolescentes  incorporados al vandalismo, autoridades vinculadas a los cárteles, víctimas inocentes muertas en las calles, especulación inmobiliaria e incursión empresarial para propiciar el lavado de dinero.
¿Cómo llegamos hasta aquí?
Cuando el gobierno pretendió abarcarlo todo, resolverlo todo, disolvió las masas y a la identidad social le dio una identidad individual, apareció entonces  la pasividad de los ciudadanos, esperando que todas las respuestas vengan de fuera, nulificaron su acción social. Las ciudades nos han despersonalizado, es necesario regresar a la convivencia del barrio.
Viendo este escenario me pregunto: ¿qué hacer?, y me respondo: despertemos, volvamos al andar de antes, regresemos a nuestras raíces, ahí podemos encontrar solución a los aparentes escenarios insalvables, así lo aprendí y confirmé en mis recorridos por las calles de Puebla.
Empecemos con cosas sencillas, por ejemplo: volver a recuperar el valor del saludo diario con el vecino, preocupémonos por el bienestar del otro, pintemos de bondad nuestro actuar, provoquemos que salga lo mejor de nosotros y de quienes nos rodean, unamos nuestras voluntades.
Sé que pueden tildarme de soñador, pero créame que yo estoy convencido de esto y si le puedo contagiar algo de mi optimismo podrá usted ver que vale la pena. Se lo aseguro.
Salvador Calva Morales es rector de la Universidad Mesoamericana.


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