lunes, 14 de diciembre de 2015

COMPARTIENDO TU OPINIÓN

Albert Einstein, el hombre de la educación.
Salvador Calva Morales
 “Vivimos una época rica en inteligencias creadoras, cuyas expresiones han de acrecentar considerablemente nuestras vidas”,  solía decir Albert Einstein.
Quien fuera el pionero de la fisión del átomo, encontró en ello un potencial  riesgoso para nuestra civilización, por eso Einstein  al mismo tiempo de concebir la bomba atómica se convirtió en un obcecado pacifista.
Le preocupaba el conocimiento puesto al servicio de la muerte, tal vez eso lo orilló a matizar escritos, discursos, artículos, notas y conferencias con temas relacionados con el destino del hombre, preservado para fines más nobles que la aniquilación mutua, y que ahora mismo los podemos consultar en el libro Mis Creencias (2000) editado por Elaleph.
Así Einstein dejó todo un legado acerca de la educación, pues consideraba que era indispensable modificar los sistemas de enseñanza. Su propia historia fue un gran ejemplo, pues él, que se mostrara lento en el aprendizaje, descalificado por el sistema educativo memorístico, revolucionó sin embargo, la ciencia hasta entonces conocida.
¿Cómo lo hizo?
Su tío, Jacob Einstein, un ingeniero con gran inventiva e ideas, convenció al padre de Albert para que construyese una casa con un taller, en donde llevarían a cabo nuevos proyectos y experimentos tecnológicos. El pequeño Albert creció motivado entre las investigaciones que se realizaban en el taller y todos los aparatos que allí había. Además, su tío incentivó sus inquietudes científicas proporcionándole libros de ciencia. El colegio no lo motivaba, y aunque era excelente en Matemáticas y Física, no se interesaba por las demás asignaturas. A los 15 años, sin tutor ni guía, emprendió el estudio del cálculo infinitesimal. Recuperado de https://goo.gl/x906Uc.
Atribuía un gran valor al ejemplo personal, como capacidad pedagógica, rechazaba que la juventud se habituara a una voz de mando, o que aprendiera a competir por objetivos deleznables ni a completar la carrera de los honores.  El plano ético de la educación, para Einstein era aquel a donde se llega con talento y con humildad.
Einstein rechazaba el aprendizaje como imposición: “La enseñanza debe ser tal que pueda recibirse como el mejor regalo y no como una amarga obligación”.
Las grandes personalidades se forman mediante el trabajo y la actividad. Por consiguiente, el mejor método de educación ha sido siempre aquel en que se urge al discípulo a la realización de tareas concretas. Esto se aplica tanto a los primeros intentos de escribir del niño como a una tesis universitaria (…) El valor de un hombre debería juzgarse en función de lo que da y no de lo que recibe.
Abogaba por una enseñanza que favoreciese la individualidad como aporte a la colectividad. “El estudio y, en general, la búsqueda de la verdad y la belleza, conforman un área donde podemos seguir siendo niños toda la vida”, dijo el sabio.
Parece simple la enseñanza queridos amigos, pero se requiere de gran disciplina para hacer del autodidactismo una guía irrenunciable de nuestras propias vidas y las de nuestros hijos, sólo así lograremos lo que nos hemos propuesto, sólo así los imposibles dejan de serlo… por eso aún me sigo preguntando ¿qué voy a hacer cuando sea grande?
Nos vemos en la siguiente entrega. Que Dios los bendiga.
Salvador Calva Morales es rector de la Universidad Mesoamericana.


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