jueves, 12 de noviembre de 2020

Desarrollan en la BUAP vacuna contra virus porcino


· La doctora Irma Herrera Camacho, del Laboratorio de Bioquímica y Biología Molecular del ICUAP, estudia proteínas para crear una vacuna contra la enfermedad del ojo azul

· Esta investigación ya tiene una solicitud de patente

 La enfermedad del ojo azul (EOA) es ocasionada por el Rubulavirus porcino y cada año genera pérdidas económicas en la industria porcina en México. Con el objetivo de contrarrestar este problema, Irma Herrera Camacho, investigadora del Centro de Química del Instituto de Ciencias de la BUAP (ICUAP), en colaboración con investigadores de otras instituciones, trabaja en el desarrollo de una vacuna a partir del estudio de proteínas como la hemaglutinina neuraminidasa (eHN).

El Rubulavirus porcino, enfermedad exclusiva en cerdos, provoca problemas neurológicos y respiratorios, pero sobre todo un alto porcentaje de mortalidad en neonatos, infertilidad en animales adultos y gastos de medicación. Una de sus características es una opacidad en la córnea de los porcinos, de ahí el nombre que recibe.

Actualmente existen tratamientos contra este virus; sin embargo, su eficacia está por debajo del 70 por ciento. El trabajo que realiza la doctora Herrera Camacho, junto con los investigadores Gerardo Santos López y Julio Reyes Leyva, del Centro de Investigaciones Biomédicas del IMSS de Metepec, busca crear una vacuna de nueva generación, más eficaz, con disponibilidad, mayor seguridad y menor costo, además de funcionar como herramienta de diagnóstico rápido en cerdos de granjas posiblemente infectadas.

“Tenemos tiempo trabajando con el virus llamado Rubulavirus porcino, un virus que fue detectado en Michoacán en 1980 y que ataca a la industria pecuaria, ubicada principalmente en la zona centro del país, en los estados de Michoacán, Guanajuato y Jalisco. Lo que hicimos fue estudiar cómo infectaba el virus a las células, además de identificar cuáles proteínas de este virus podríamos utilizar como antígenos para crear una vacuna”.

Las primeras etapas

La doctora Herrera Camacho mencionó que en la primera etapa estudiaron qué proteínas del virus contaban con propiedades antígenas; es decir, las que permitieran desarrollar anticuerpos y una respuesta inmunológica eficaz. Así eligieron la hemaglutinina neuraminidasa (HN), la cual se encuentra en la cápside del virus y además lo ayuda a diseminarse y conectar con otras células cuando ya se ha reproducido.

Tras comprobar las propiedades de un ectodominio de la HN (eHN), el equipo se dio a la tarea de expresar esta proteína en la levadura Pichia pastoris, un microorganismo unicelular, capaz de sintetizar proteínas glicosiladas. De esta forma, lo primero que hicieron fue clonar el gen de la eHN y amplificarlo con técnicas biotecnológicas.

 “Lo que hicimos fue estudiar la forma de expresar esa proteína en la levadura y que esta la expulsara al medio de cultivo, lo que es interesante porque el proceso de purificación después se vuelve más sencillo y esto representa la primera etapa para crear una posible vacuna”.

Cuando en el Laboratorio de Bioquímica y Biología Molecular, donde trabaja la doctora Herrera, se tuvo la proteína recombinante purificada, se comprobó que esta fuera reconocida por anticuerpos de cerdos infectados. Para esto el equipo de la investigadora obtuvo el apoyo del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), que proporcionó los sueros de los animales infectados.

Pruebas en animales, la segunda etapa

Los resultados en este punto del proyecto fueron favorables, lo que dio pie a que esta proteína (eHN) fuera inyectada en organismos vivos, en este caso ratones, a fin de observar si podía favorecer la respuesta inmunológica y dar origen a anticuerpos, algo que también se logró de forma exitosa y que demostró un avance en esta segunda etapa de la investigación.

Posteriormente, la doctora Irma Herrera observó en cultivos celulares de riñón de cerdo si estos anticuerpos obtenidos eran efectivos para contrarrestar la multiplicación del virus; es decir, si eran capaces de neutralizarlo. En esta etapa se verificó que efectivamente los anticuerpos inhibían la reproducción del Rubulavirus porcino.

El trabajo y los resultados dieron origen también a una solicitud de patente ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, con el número MX/a/2015/011852, además de publicaciones. En este proyecto han participado estudiantes de doctorado y maestría del posgrado en Ciencias Químicas, área Bioquímica y Biología Molecular de la BUAP.

El proyecto avanza con nueva proteína

La doctora Herrera Camacho informó que actualmente este proyecto, en colaboración con el INIFAP, logró un financiamiento por parte del fondo FONSEC-SAGARPA-CONACYT, lo que les permitirá iniciar con la etapa de vacunación en cerdos sanos. Así podrán analizar la producción antigénica frente al virus y ver el grado de protección en esta última etapa, la cual se realiza en el Centro Nacional de Investigación Disciplinaria en Salud Animal e Inocuidad del INIFAP.

También informó que ya estudian otra proteína y en un futuro este trabajo está planteado como una alternativa para inocular a los cerdos en dos experimentos: en el primero se le administrará la proteína eHN, y el segundo implica la inoculación de dos proteínas, lo que servirá para observar si se puede potenciar el efecto protector en los animales sanos y evitar que se enfermen.

El trabajo realizado por la doctora Herrera Camacho y su equipo ha servido para formar estudiantes, pero también para solucionar un problema en la industria porcina: frente a la vacuna existente, no tan eficaz, han desarrollado otra,  novedosa, más segura y biotecnológica.

 

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